-Sophia...-Susurraba una voz masculina que
intentaba despertarme- Sophia, despierta...- Su afán por despertarme parecía
enorme. Pero no conseguiría nada.- SOPHIA!- gritó- Su alto tono de voz no solo
hizo que abriera mis ojos, sino que también hizo que me despertara sobresaltada.
Después de aquellos segundos en los que mi
corazón casi salía disparado del pecho, volvió la calma. Miré a mi derecha. Mi
hermano era el culpable de aquel susto.
-Buenos días dormilona! Ya era hora de que
te levantaras.- Dijo en un tono suave.
-Buenos días Jason. Que ocurre? Por que me
has despertado? Aun es temprano...- En realidad no era temprano, pero mis ganas
de seguir durmiendo eran terribles.
-Me tengo que ir. Hoy tengo turno de día en
el cuartel.
Si, mi hermano era militar. Me enorgullecía
de el, pero a la vez me preocupaba.. Tenía miedo de que le pasara algo.
-Kassandra está en clases de pre-parto y
tardará en volver. Por favor, ordena la casa mientras los dos estamos fuera.
-De acuerdo Jason. Me levantaré y ordenaré
esto.- Dije perezosamente.
-Gracias. Adiós hermanita.
-Adiós.
Me dio un beso en la frente y se fue.
Era curioso. Mi padre y el tenían la misma
forma de despedirse de mi. Me besaban la frente, me miraban fijamente y
soltaban esa media sonrisa tan agradable y cariñosa. La misma que tienen los
padres al ver a su hijo pequeño reír.
Al fin decidí levantarme de cama.
Me asomé al balcón para contemplar el nuevo
día. Londres se veía precioso.
No estaba acostumbrada a estas vistas, pues
apenas llevaba aquí unas semanas. Exactamente dos.
Mi hermano me había llamado para invitarme a
su casa. Como no, acepté. Quién se iba a negar a tres meses de vacaciones en
Londres?
Inhalé fuertemente el aire del amanecer.
Expiré y entré dentro de la habitación de nuevo.
Era hora de ordenar la casa.
Empecé limpiando la habitación de mi
hermano. Era enorme. Me llevaría tiempo.
Estaba acabando cuando miré en su mesilla
una foto de mis padres.
De pronto, una lágrima de nostalgia, se
deslizó por mi mejilla y calló en una esquina del marco de la foto.
Les echaba de menos.
Puede que solo llevara unas semanas sin
ellos, pero desde que mi hermano se había mudado yo era 'la niña de mamá y
papá'. Y entendedme. El no poder abrazarles todos los días, me costaba.
Estaba acabando de ordenar la casa cuando
Kassandra llegó.
Se veía hermosa. Su embarazo la sentaba
genial. Hasta parecía más feliz.
-Buenos días Sophia. Que tal? No me digas
que tu hermano te ha vuelto a mandar limpiar la casa?- Su tono medio burlesco
me hizo sonreír.
-Buenos días Kassandra. Si. Pero no te
preocupes, no me importa limpiar. En casa siempre ayudaba a mi madre.
-Vale. Pero no quiero que trabajes tanto.
Eres nuestra invitada.- Dijo algo molesta.- Por favor. Sal a dar una vuelta.
Tienes que conocer gente. Conocer la ciudad... Por favor Sophia...
La noté preocupada. Pero tenía razón. En dos
semanas que llevaba aquí no había salido apenas de la casa. El problema era que
todavía no dominaba el idioma del todo y tenía miedo de que no me salieran las
palabras correctas al hablar con la gente. Pero estaba decidido, esta tarde
saldría.
Ya eran más de las seis y decidí prepararme.
Una ducha. Un short. Una camisa. Un poco de
colonia... Lista. La ciudad sería mía esta tarde.
Cogí mi cámara nueva para sacar algunas
fotos y así enviárselas a Ainhoa. Una de mis mejores amigas.
Miré varios sitios: el London Bridge, el
Madame Tussauds' Museum, el Big Ben, el London Eye, el Palacio de Buckingham...
Definitivamente me había enamorado de
Londres.
Después de una larga tarde paseando, mis
tripas no paraban de sonar. Que hambre.
A donde ir? El primer sitio que encuentre.
Entré en un restaurante de comida rápida.
Nando's.
Me senté a comer sola.
Observaba a la gente pasar a través de la
ventana cuando vi a un chico misterioso entrar. Llevaba una gorra plana y unas
gafas de sol. Parecía un chico interesante de verdad.
No sé por que, pero no podía dejar de
mirarle. De veras me había quedado embobada mirándole.
Pensé que no me miraría. Me equivocaba.
Acababa de mirarme. O eso creía, pues llevaba las gafas de sol puestas y no
sabía si me miraba o no.
De pronto se para y me sonríe.
Ahora mismo no puedo ni imaginarme lo
sonrojada que estoy y el ridículo que estoy haciendo con la boca abierta. Solo
puedo pensar en que ese misterioso chico me ha mirado y ha sonreído.
Se sentó con unos amigos a comer. Que mono
es. Su sonrisa es preciosa. Pero por que no se quita la gorra ni las gafas de
sol? Quiero ver sus ojos. Aunque seguro son hermosos.
Era tarde y debía regresar a casa. Me
levanté y me fui. Pero antes de salir por la puerta eché un vistazo hacia la
mesa donde estaba aquel chico.
Me ha vuelto a mirar y me ha sonreído de
nuevo. Y reíros. Pero justo en ese momento tropecé en la salida y me caí al
suelo. Y el seguía mirándome. Que vergüenza. Esto solo me pasa a mi.
Me levanté deprisa y me fui corriendo de
allí.
De camino a casa no paraba de pensar en el y
en el ridículo que había echo.
Aun así una sonrisa me delató. Estaba
deseando volver a verlo.
oohh precioso! me encanta el blog :) sigue asi ^^ besos , pd; soy en twitter @beatpct
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